Thursday, November 20, 2008

Clowntigo o sin ti


Riverito no siempre fue del "ocho"; de niño su número era el 5, cinco.

Y recordó un poco más esas épocas de 5, sólo de 5... cinco: el baile erótico de las hojas, flamantes divorciadas de una rama local; los programas de Xuxa, flamante divorciada de Airton; el rock del gato, todo un 4x4 (pero tracción delantera); la bandera de Canadá que siempre lo hizo reír; y el payaso Pascuale, un tano intratable que jamás arregló la luz del baño.


Cierto día oscuro de invierno, cuando promediaba la tarde (el promedio siempre daba 5, cinco), el joven Riverito (5 años, cinco...) presionó el botón del timbre del tan -por entonces- temido payaso Pascuale. Consideraba que era el momento de enfrentar sus miedos y ya estaba mentalizado para superar el encuentro. Un mano-a-mano con Pascuale. Oyó los pasos pesados acercarse al pórtico, oyó la llave revolver el tambor, oyó el picaporte desperezarse con un bostezo agudo, y lo vió.


- ¿Qué pasa, cucurucho? - soltó Pascuale, humedeciendo las palabras en sonrisa. Los boxer del payaso, oriundos de Ombligo, alguna vez fueron blancos- pensó el niño-. Habían sufrido el mismo daño que su camiseta-.
- Ninguna, Don Pascuale. Ninguna.


Es que Pascuale maduró y ahora ama a los niños. Y Riverito creció, creció hasta 8, ocho (como el valor de la anticipada para ver a Eleusis en LA FORJA).

Y si Riverito va derecho a la puerta (BACACAY 2414, a dos cuadras de la plaza Flores), crecerá hasta 10, diez.
Y si Riverito marcha a La Forja, silbando en húngaro y con paso firme, es para no llegar después de las 23.30 hs.
Y todo por este Viernes 21 de Noviembre